Realizar un pentest o un análisis de vulnerabilidades es solo el comienzo. El verdadero valor está en lo que haces después: remediar los hallazgos y reducir riesgos reales.
Demasiadas organizaciones realizan pruebas de seguridad, reciben informes extensos, y luego postergan las acciones. Algunas vulnerabilidades críticas siguen abiertas meses después del hallazgo. Otras se abordan sin entender su impacto real.
¿Cómo convertir un pentest en una mejora tangible?
1. Priorización contextual: No todas las vulnerabilidades son iguales. Clasifica según el nivel de riesgo (CVSS), explotabilidad, impacto al negocio y si existen parches disponibles.
2. Asignación de responsables: Cada hallazgo debe tener un dueño técnico y uno de negocio. Es clave que las áreas involucradas entiendan por qué y para qué deben actuar.
3. Integración con flujos de trabajo: Lleva los hallazgos a tu backlog de desarrollo, a los procesos de ITSM o a los cronogramas de mantenimiento. Documenta fechas, avances y bloqueos.
4. Validación de cierre: No basta con decir que se arregló. Es necesario volver a probar (a veces manualmente) y documentar que el problema fue resuelto sin efectos colaterales.
5. Lecciones aprendidas: Cada hallazgo debe alimentar tu modelo de defensa. Ajusta configuraciones por defecto, políticas, flujos de aprobación y formaciones internas para evitar reincidencias.
En Pulse no solo hacemos pentests: entregamos reportes accionables, explicamos el impacto en lenguaje de negocio y acompañamos el cierre de las vulnerabilidades. Porque la seguridad no es saber qué está mal, sino cambiar lo que está mal.















